Jugar a entrelazar nuestros pies entre las sábanas, abrazarnos cuando el frío entra en la madrugada, despertarme y tener tu brazo rodeando mi cintura, pasarnos horas alargando el momento de salir de la cama.
Son cosas tan tontas, tan simples, tan pequeñas, tan ridículas que me encantan.
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